Una nueva rectora

En el pasado mes de diciembre, la Dra. María Iraburu, profesora de Bioquímica y Biología Molecular, fue elegida Rectora de la Universidad de Navarra. La primera rectora de esa universidad. La periodista Olga Sanmartin la entrevista en EL MUNDO (05-03-2022) y en la entrevista se van señalando algunas ideas de un gran interés para la docencia universitaria. Me gustaría destacar tres.

Una de esas ideas es la de establecer un tronco curricular de Humanidades de 18 créditos para todas las carreras que se imparten en su universidad, incluidas las de ciencias, ingenierías, salud, etc. Ese tronco humanístico, por lo que explica, puede cursarse por una doble vía: bien a través de 3 materias obligatorias (Antropología, Ética y Claves culturales), bien a través de un programa de Grandes Libros que incluyen autores como Platón, Aristóteles, Homero, San Agustín, Shakespeare, Tolstoi, Dostoievski, Ortega, Arendt, Unamuno… en torno a los cuales los estudiantes redactan ensayos. Se trata de una especie de core curriculum que han adoptado siguiendo la experiencia de universidades como Yale y Columbia.

Esta idea de la rectora me parece de mucho interés. El establecimiento de un tronco humanístico común a todas las carreras constituye uno de los puntos de debate más interesantes en los movimientos de rediseño curricular de las carreras. Se lo han planteado importantes instituciones de todo el mundo, algunas de ellas especializadas en ingeniería, como el Imperial College de Londres. Claro que los cursos de ciencias solicitan un movimiento similar por parte de las Humanidades y las CC. Sociales: que se incorporen conocimientos científicos (de introducción a la ciencia y la tecnología) que permitan a los egresados poder hacer una lectura adecuada de los importantes avances de la ciencia en nuestras vidas. Nuestra reciente experiencia con la pandemia de la COVID 19 ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de elevación del nivel de conocimientos científicos para poder entender lo que sucede y nos sucede. Hace solo unos meses se hizo público en España el Real Decreto 882/2021 relativo a la organización de las enseñanzas universitarias, y en él se insiste en la necesidad de incluir créditos de especialidades diferentes a la que se está cursando, pero dada la experiencia que ya tenemos de reformas anteriores, poca esperanza hay de que esa combinación de enfoques formativos acabe prosperando.

Ese espacio curricular transversal, lo completa su universidad, con una experiencia que resulta, igualmente, muy sugerente: la incorporación del “Museo” como un espacio curricular de intersección. El periódico menciona el Museo de Arte Contemporáneo en el que los propios estudiantes (de distintas facultades y departamentos) actúan como comisarios, donde dan clase y donde desarrollan proyectos interdisciplinares. Y van a hacer otro tanto con un Museo de Ciencias.

La entrevista concluye con otra idea que me parece muy lúcida. Hablando de los estudiantes actuales dice que “son muy hábiles en tecnología, presentaciones orales, inglés o iniciativas para buscar prácticas, pero tenemos que insistir en la lectura y la importancia de la memoria”. En la importancia de la memoria es fácil coincidir, siempre que no se convierta la memoria en la protagonista del aprendizaje. Del valor de la memoria se hace uno consciente a medida que la va perdiendo y asume el enorme impacto que tiene en la vida intelectual y cotidiana de las personas. Pero más importante me parece aún lo de la lectura. Que nuestros estudiantes hayan dejado de leer libros (libros completos se entiende), está teniendo consecuencias letales sobre la construcción de un pensamiento bien estructurado. Frommer (2011) en su libro El pensamiento powerpoint: ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos, nos alertaba sobre los riesgos de un aprendizaje pobre basado en diapositivas, es decir, en meros enunciados o textos cortos sin una penetración en el contenido que refieren. Pensado en mi propia especialidad (Educación) he imaginado, a veces, que pasaría si en lugar de impartir nuestras diversas disciplinas, pidiéramos a nuestros estudiantes que leyeran tres libros por cada una de ellas. Cursan 6 materias por cuatrimestre: 12 al año. Por 4 años de carrera serían 48 libros, los más importantes de la literatura pedagógica universal. ¿Qué sucedería?

Habla también de otras cosas la Rectora Iraburu. De las mujeres en puestos de gestión universitaria, de la importancia de incrementar el porcentaje de chicas en las ingenierías. Ideas muy alineadas con la celebración del día de la mujer al que este blog se adhiere de forma convencida. Y habla, como era de esperar, de la importancia que su institución (privada y confesional) atribuye a los valores de la solidaridad y el diálogo académico. Valores ambos, el del diálogo y la construcción de consensos y pautas de apoyo mutuo, que no está de más tomar en consideración por parte de quienes pertenecemos a universidades públicas.
Miguel Zabalza (07-03-2022)

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