Del profesional intuitivo al docente consciente

Cuando comencé a compaginar mi actividad profesional con la docencia descubrí algo que, visto ahora, puede parecer bastante evidente: una cosa es saber hacer algo y otra muy distinta saber explicar cómo lo haces.

Durante más de veinte años he trabajado en el ámbito de la animación, el storyboard y el cómic. Como ocurre en muchas profesiones creativas, gran parte de los conocimientos se van adquiriendo a través de la experiencia: trabajando junto a otros profesionales, resolviendo problemas, equivocándote, observando, probando soluciones y enfrentándote a nuevos proyectos. Con los años, muchos de esos procesos terminan interiorizándose hasta el punto de realizarlos casi de manera intuitiva.

Cuando empecé a dar clase intenté trasladar toda esa experiencia al aula. Tenía una enorme cantidad de conocimientos, referencias, procedimientos y experiencias profesionales que quería compartir con mis estudiantes. Sin embargo, pronto aparecieron preguntas que todavía hoy siguen acompañándome: ¿qué es realmente importante enseñar?, ¿por dónde empiezo?, ¿cómo organizo todo aquello que sé para que alguien que está comenzando pueda comprenderlo?

Mi formación como docente se ha ido construyendo durante estos años a partir de la experiencia, la observación del alumnado y una buena dosis de intuición. Algunas cosas funcionaban, otras no tanto, y muchas veces modificaba mi manera de enseñar simplemente porque percibía que algo podía hacerse mejor. El Programa de Formación para la Capacitación de los Profesores Ayudantes Doctores, realizado en el curso 25-26 en el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) de la Universitat Politècnica de València, me ha permitido detenerme y observar con mayor atención algunas de esas prácticas que había ido incorporando de manera natural.

Uno de los descubrimientos que más me ha hecho reflexionar ha sido precisamente el denominado pensamiento experto. Después de tantos años trabajando en una disciplina, es fácil olvidar todo lo que hubo que aprender para llegar hasta ahí. Conceptos, decisiones o procesos que para mí pueden resultar evidentes no tienen por qué serlo para alguien que se enfrenta a ellos por primera vez. A veces, intentando ofrecer al alumnado todo aquello que sabemos, podemos acabar ofreciéndole demasiado y demasiado pronto.

El curso también me ha ayudado a desplazar progresivamente la mirada desde lo que yo enseño hacia lo que el estudiante hace para aprender. Esto me ha llevado a prestar mayor atención al proceso: cómo se planifica un proyecto, cómo se acompaña su desarrollo, qué papel desempeña el feedback, cómo hacer visibles las diferentes fases de trabajo o cómo favorecer que el alumnado vaya adquiriendo progresivamente una mayor autonomía y capacidad de autorregulación.

Pero quizá uno de los cambios más importantes haya sido comprender que reflexionar sobre mi docencia no es suficiente si no intento también investigar lo que ocurre en el aula. En este sentido, acercarme al enfoque SoTL (Scholarship of Teaching and Learning) me ha permitido entender la práctica docente como un espacio de investigación: plantearme preguntas sobre cómo aprenden mis estudiantes, introducir cambios, recoger evidencias y analizar sus resultados. Se trata, en definitiva, de ir un paso más allá de la intuición y tratar de comprender, con mayor fundamento, por qué determinadas estrategias funcionan y otras no.

Cuando al finalizar el programa nos propusieron sintetizar nuestro aprendizaje mediante un póster, me resultaba difícil convertir todas estas reflexiones en un esquema o un mapa conceptual. Mi manera natural de organizar y comunicar ideas es fundamentalmente visual, así que decidí recurrir al lenguaje con el que me siento más cómodo: el cómic.

El póster nació así como una pequeña reflexión gráfica sobre mi propia evolución como docente. Quise abordarla desde el humor y cierta autocrítica, porque sigo aprendiendo y porque tampoco entiendo este proceso como la llegada a una meta definitiva. Más bien lo veo como una nueva manera de observar lo que ocurre en el aula, de hacerme preguntas sobre mi propia práctica y de buscar respuestas que me permitan seguir mejorándola.

De ahí nace Del profesional intuitivo al docente consciente. El resto, espero, lo cuenten las viñetas.

Alberto Sanz Mariscal. Departamento de Dibujo, Universitat Politècnica de València, alsanma@dib.upv.es

Si te parece interesante, comparte este contenido
Scroll al inicio